Los llamados deseos de Año Nuevo pueden ser de dos tipos: en unos participas directamente y puedes influir en lo que pasa; en otros tu participación es nula. Del primer tipo: comprar un piso (con ahorros o hipoteca), formarte o reciclarte, sacarte el carné, ganar un maratón. Del segundo: que tu equipo gane un torneo importante (perdón, Milán, no pedí eso), la boda de familiares cercanos (puedes tener opinión e influencia, pero la decisión final es de la pareja, al menos en la mayoría de países), que termine la pandemia para que los vecinos de arriba borrachos y ruidosos, a los que el Estado no puede reclamar nada, dejen de armarla y de inundarte.
Los deseos del segundo tipo tienen derecho a existir — siempre que no sean pura fantasía, como vida desarrollada bajo el hielo de Europa enviando una señal a la Tierra antes de que mandemos otra sonda en un par de años. Pero no te hagas ilusiones con esos deseos; asume que tu equipo puede no ganar o la pandemia no terminar. Hay demasiados factores y, sobre todo, tú no puedes influir en ellos.
¿Y los deseos que la gente pide para sí misma? En cierto modo es un poco raro. Todo el mundo sabe que quien no se mueve no sale en la foto, pero siguen creyendo en la magia y en que un deseo pedido en Nochevieja se cumplirá. Me parece mal que amigos, conocidos, familiares y compañeros digan «Pide un deseo para el Año Nuevo» y den esperanza donde casi no la hay. No digo que no haya ninguna. Al revés: si alguien pide un deseo y luego hace todo por cumplirlo, ya no es un deseo sino un objetivo, y va hacia él. Es normal e incluso correcto verbalizar otra vez tus metas para no olvidarlas y mantener el foco. Pero la mayoría solo pide deseos sin respaldo alguno.
Hace unos cinco años que no pido deseos en Año Nuevo. En su lugar, para Nochevieja ya tengo objetivos para el año que entra. Objetivos concretos, bien pensados, detallados y, sobre todo, realistas. Eso es lo que recomiendo hacer en Nochevieja — o mejor, mucho antes, porque esa noche no se puede uno abstraer de las emociones positivas y describir las metas con claridad (en todos los sentidos). Cuando las hayas formulado y definido, puedes permitirte en Nochevieja repetirlas mentalmente (o en voz alta, como contrato público) una vez más. Cómo fijar metas correctamente lo veremos con más detalle en el libro práctico.