Como habrán deducido de los capítulos anteriores, además del colegio invertí otros 8 años en formación en instituto y universidad. Exactamente 4 años en cada uno, con la única diferencia de que en la universidad estudié a distancia, o para ser más preciso — a distancia intensiva. Durante ese tiempo me asaltó miles de veces la idea de que la educación era completamente innecesaria y de que era un simple desperdicio de tiempo (y dinero). Y si en el instituto siempre estabas a la vista de los profesores, al no haber aulas llenas, en la universidad la modalidad presencial me parecía a menudo un teatro del absurdo. Esta idea solo se confirmaba cada vez que iba a la universidad y en clases compartidas con estudiantes presenciales veía cómo se pasaban el rato en el móvil, haciendo cualquier cosa menos estudiar. Esas coincidencias eran raras pero regulares, ya que a veces faltaban profesores para atender presencial y a distancia a la vez, a veces alguien enfermaba y se fusionaban clases — en fin, razones de sobra. Añádanse aulas con cien estudiantes donde alguien duerme, alguien come, pero todos fingen escuchar. En eso podía entender en parte a los que no tenían ningún interés en aprender. Puede haber muchas razones. Para los búhos (y los estudiantes son casi todos búhos) es durísimo llegar a clase a las 8 de la mañana, y si es invierno y está oscuro, la excusa perfecta para dormir. Si alguien no desayunó bien porque al levantarte a la fuerza a las 7 para ir a clase no tienes apetito y tu desayuno es café con bocadillo, para las 10 tienes hambre y tus pensamientos van más al descanso para picar algo que al aprendizaje. Todo alrededor parece decir que es una forma de aprendizaje y de pasar el tiempo muy ineficiente, y sería genial que los estudiantes decidieran cuándo estudiar, claro está si son concienzudos. Pero los profesores no pueden adaptarse a cada estudiante. Un profesor, muchos estudiantes, así que todos deben adaptarse al horario, por incómodo que sea. Aunque con internet la posibilidad de que los profesores graben vídeos que los estudiantes puedan ver cuando les convenga es sin duda un gran paso para el confort, sigue lejos de la forma ideal de aprendizaje. Y el confort del estudiante junto con el interés es uno de los factores clave en la calidad de la educación.
Durante mucho tiempo estuve convencido de que la educación no siempre es necesaria, sobre todo teniendo en cuenta que en 8 años, siendo un estudiante bastante aplicado (que por cierto nunca repitió), salí con un volumen de conocimientos insuficiente para la programación comercial. Quizá este problema existe en otras industrias, no solo en IT. Pero con el tiempo, sobre todo al ocupar un puesto directivo y hacer entrevistas, me crucé con todo tipo de autodidactas raros. Gente muy floja en habilidades profesionales, que por lo general solo sabían hacer una cosa muy especializada y sin ninguna amplitud de miras. Claro que también había buenos autodidactas, pero su porcentaje era mucho menor. Así que con el tiempo empecé a fijarme también en la educación.
Paralelamente no estuve ocioso sino que siempre estudiaba algo nuevo, y así me creé el hábito de formarme constantemente. El resultado fue una buena base teórica y práctica en la cabeza. Y claro, me importa mucho no parar. La educación y el conocimiento en general son cosas pasajeras, vigentes en un momento dado (quizá solo en un lugar dado). Si no usas, mantienes y amplías lo que has aprendido, en instituciones o por tu cuenta, lo olvidamos, porque no se puede guardar algo en la cabeza para siempre. Lo que no crece, se oxida. Por desgracia nuestros padres y abuelos no asimilaron esta verdad tan simple. Ninguno mejoró como profesional. Creían que, terminados los institutos de su juventud, esos conocimientos profesionales les durarían toda la vida. Podemos disculpar la falta de materiales de referencia — no había internet — pero creo que incluso con todo el conocimiento de su campo a mano, sin cambiar sus creencias sobre la autoformación, no lo habrían usado.
Si inviertes en autoformación, te vuelves mejor que muchos otros y así puedes tener ventaja en el entorno competitivo por puestos mejor pagados. Además, al formarte te vuelves mejor que el tú de ayer. La autoformación es la inversión más segura. Así que inviertes en tu futuro; a diferencia de las acciones de empresas, tu formación te dará frutos en mayor medida.
¿O no? Aclaremos. El conocimiento en sí no tiene valor. Los catedráticos lo saben todo pero no son ricos ni exitosos. Suelen ser gente normal que va al trabajo en transporte público, lleva la misma ropa (aunque Jobs los apoyaría) y lleva una vida muy modesta: no viajan como los demás, ahorran porque el sueldo no es alto. Sin duda son muy listos, pero no usan su conocimiento para enriquecerse; quizá les faltan habilidades. Aunque seas el ingeniero más brillante, para sacar beneficio de tu conocimiento tendrás que familiarizarte con economía, finanzas, impuestos. Quizá alquilar una oficina, contratar personal, ya que en equipo se trabaja más rápido y mejor. Para el trabajo en equipo hacen falta soft skills. En resumen, hay cien razones por las que los catedráticos con conocimientos valiosísimos son gente normal. Además de habilidades y conocimientos especializados hace falta amplitud de miras en las industrias cercanas a tu negocio potencial. Si alguien tiene conocimientos muy valiosos y está dispuesto a montar un negocio, entender logística, impuestos, comunicación con colegas, logrará mucho. Aunque tampoco hay que descartar la suerte, de la que se hablará en otro capítulo.
Algunas conclusiones del capítulo. Tu formación institucional no es el factor decisivo; se puede ser profesional siendo autodidacta. Pero con formación institucional, a largo plazo estás en mejor posición que quien simplemente empezó a estudiar por su cuenta. También hemos visto que hay que seguir formándose y que el diploma no es el fin sino el principio. Y que además del conocimiento en un área, para el éxito hace falta al menos un conocimiento superficial de otras disciplinas afines. Hemos tocado la importancia del trabajo en equipo y la suerte.
Sabemos que es muy importante aprender toda la vida, pero aún no hemos hablado de cómo. Probablemente no haya una única respuesta correcta, porque no existe una ciencia establecida de "autoformación" con estudios masivos de métodos. Así que lo haremos por nuestra cuenta. Si llevo unos 5–7 años con la planificación que describo en este libro, llevo unos 12–15 años formándome. Así que tengo algunos consejos que intentaré compartir:
- Identifica las fuentes de conocimiento más asimilables para ti. Por asimilables me refiero a las que meten el material en tu cabeza con más eficacia. Pueden ser lecciones de YouTube, libros, audiolibros, etc., según si percibes mejor por oído o visualmente, si quieres esforzarte más (leyendo) o menos (viendo vídeo).
- Al estudiar, toma notas de todo lo nuevo. Si es vídeo, anota la información; si es libro, haz un resumen. En mi blog hay artículos sobre cómo leo libros y repaso resúmenes.
- Uno de los puntos más importantes: estructurar bien el material. El material nuevo cuesta recordarlo, y el mal estructurado aún más. Organízalo para que cueste lo menos posible encontrar la información. Para esto puedes releer el apartado sobre el orden.
- Nuestro cerebro, aunque asombroso para aprender, es caprichoso y suele no querer recordar hechos, reglas y material. Quizá porque la información nueva llena la memoria temporal, no la permanente. Por qué no puede meterlo todo en la permanente de golpe es otra cuestión. Quizá si transfiriera todo a la permanente habría tantos datos que encontrar lo importante sería imposible. Por eso es crucial crear muchas conexiones neuronales en torno a la información que quieres pasar de temporal a permanente.
- Para que el cerebro recuerde de verdad, conozco al menos dos métodos muy efectivos. El primero: asociaciones. Al estudiar algo nuevo, crea asociaciones con algo que ya conozcas. Por ejemplo, memorizar palabras en otro idioma me funciona mejor cuando hay algo con qué asociar. Lamentablemente no se pueden crear asociaciones para todo. En esos casos uso el segundo método: repetición. Con cada repetición el material se fija más en la memoria permanente. La repetición no es el método más eficiente, pero no he encontrado nada mejor. Puedes probar a imprimir el material y ponerlo bajo la almohada o barrerlo del libro a las palmas y verterlo sobre la cabeza. Pero avísame si te funciona :)
- Debes crear el hábito de formarte constantemente. Relee el capítulo sobre hábitos si te cuesta. En casos difíciles usa la alabanza, contratos públicos, visualización y otros métodos que te ayuden.
- Una de las mayores ilusiones es creer que has aprendido cuando en realidad no lo has asimilado bien. Para comprobarlo puedes usar el método de Richard Feynman: explicar tu conocimiento con el lenguaje y ejemplos más simples, para que hasta un niño lo entienda. Si has asimilado bien el material, no te costará explicarlo, aunque sea un tema de astrofísica como viajar más rápido que la luz, la gravedad o las lentes gravitacionales.
Sentirse tonto es la mejor motivación para mejorar. No te quedes de brazos cruzados y mejora tus habilidades. Y recuerda: lo que no crece, se oxida.