Una idea breve pero muy importante que merece su propio capítulo. Del apartado de la "Matriz de Eisenhower" ya sabes cómo clasificar tareas por importancia y urgencia. Hay un grupo entero de tareas ni importantes ni urgentes. En cierto modo las tareas domésticas entran en ese grupo. Y sabemos que hay que hacer primero las importantes, y sobre todo las urgentes. Pero a veces no queremos ponernos con esas importantes por mil razones: pueden ser muy difíciles, el resultado incierto (puede que no compensen) o exigir salir de la zona de confort. En esos casos solemos aplazarlas y hacer toda clase de menudencias secundarias. Menudencias que no nos acercan a nuestros objetivos.
Claro que una limpieza a fondo está bien, pero la haces no porque la planificaste con tiempo, sino porque no quieres ponerte con lo que de verdad importa.
Yo lo llamo pereza disfrazada de estar muy ocupado. Esa frase la vi por primera vez en un libro — creo que era "Padre rico, padre pobre", aunque puedo equivocarme. Con el ejemplo de la limpieza a fondo te engañas a ti mismo. Te da pereza hacer lo importante y haces otra cosa. Y como excusa principal dices que esa otra cosa es muy importante y que estás demasiado ocupado ahora para hacer algo más.