Los prejuicios, los miedos, la experiencia vital de las generaciones mayores, las supersticiones y otros factores que ya hemos visto forman en la persona un sesgo cognitivo. Esta tema la tocaremos también en el capítulo sobre el pensamiento, donde hablaremos más de la intuición.
Los sesgos cognitivos no son otra cosa que patrones de pensamiento en los que el cerebro se equivoca al apoyarse en la intuición (Sistema 1) en lugar de pasar el asunto a la reflexión (Sistema 2). Si no has entendido nada de eso, es normal; se detallará en un capítulo posterior. Pero los sesgos cognitivos son algo negativo para nuestra productividad y planificación (podemos fijar metas erróneas y cumplirlas mal), por eso hacía falta un apartado en «Factores que frenan».
Los sesgos pueden darse en la vida cotidiana y en el trabajo, en la familia, la sociedad, al planificar o al comunicar. Es decir, en cualquier sitio donde haga falta un mínimo de procesos de pensamiento o reacción del cerebro. Al dar una u otra respuesta, a veces no notamos cómo nosotros —o nuestra intuición— damos por nosotros una respuesta equivocada.
¿De dónde vienen los sesgos cognitivos y cuándo aparecen? Sobre todo en estas situaciones:
1) Dificultad para entender el mundo. Para mí es el problema más común entre quienes se dedican a las humanidades. Es más fácil y rápido completar el cuadro en la cabeza con datos que ya tienes que analizar datos nuevos. Por eso el cerebro rellena las piezas que faltan del puzle con estereotipos y datos del pasado. Y la mayoría piensa en clave religiosa y astrológica, no con la teoría de Darwin, la evolución y las leyes de la física —las leyes por las que funcionan los motores, los microondas, el móvil, la radio, el GPS y todo lo que usan a diario. Esas leyes modelan y predicen bien la estructura del universo. (Si no fuera así, nuestras leyes serían falsas y cosas como los motores o la radio no funcionarían.)
2) Exceso de información. Cuando hay demasiada, el cerebro solo capta lo que entiende y filtra el resto.
3) Necesidad de reaccionar rápido. Eso empuja a ir directo a conclusiones, sin analizar. Incluye decidir en situaciones de estrés, que en la vida hay de sobra.
4) Qué elegimos recordar. La información que el cerebro puede retener por unidad de tiempo es limitada; recordamos generalizaciones y detalles llamativos e ignoramos lo demás.
Difícilmente nos libraremos por completo de los sesgos. Pero al generar una idea o respuesta conviene preguntarnos: «¿Es un hecho o es mi pensamiento?» Si es un pensamiento, conviene comprobarlo más. Los sesgos cognitivos dan para un libro entero. Yo no soy especialista, así que no puedo extenderme más. Lo importante es que hemos sacado el tema, lo conoces y, si te interesa, puedes buscar más en internet o leer un libro.