Si estás cansado de películas con tramas lineales y predecibles y quieres apostar por algo poco convencional, entonces *Pobres criaturas* es una excelente opción. Hay que advertir de inmediato que puede parecer extraña, vulgar, en ocasiones absurda y hasta repulsiva. Hay bastante violencia, y Emma Stone, en torno a quien gira toda la historia, aparece con frecuencia completamente desnuda en pantalla. Para que te hagas una idea de lo absurdo que es el argumento superficial: la protagonista es a la vez madre e hija. Y su supuesto padre, que la operó y la devolvió a la vida, parece haberse inspirado en *Corazón de perro* y *Frankenstein*, y se dedica a ensamblar todo tipo de monstruos o simplemente adorables mascotas híbridas.
Sin embargo, si dejamos a un lado todo el absurdo que salta a la vista y profundizamos en la película, puede que descubramos que no se trata solo de un filme incómodo, divertido y a ratos desconcertante, sino de una obra muy seria que aborda temas profundos. En esencia, toda la película es un seguimiento de cómo la protagonista, Bella, va conociendo el mundo, la gente, las relaciones, los deseos, la sociedad y a sí misma. A medida que avanza la trama, todo se vuelve más disparatado, extraño y, al mismo tiempo, más filosófico.
La película intenta invitar a la reflexión sobre temas como la libertad individual, las normas impuestas por la sociedad y la búsqueda de la propia identidad. Bella, conforme madura, explora todo esto y lo hace sin los límites habituales que la sociedad impone. Por eso, en ocasiones la cinta se siente como una sátira o una ligera comedia de humor.
Es importante señalar que *Pobres criaturas* es sin duda un cine no apto para todos. Es una de las películas más atípicas de los últimos años, que o bien te va a encantar o no te va a gustar en absoluto.