Al ver el nombre del director Ridley Scott en uno de los carteles de cine, decidí sin ninguna duda que iba a ir a su película titulada «Napoleón». Una película muy larga que, aun así, se ve de un tirón. El papel principal lo interpreta Joaquin Phoenix, que antes hizo de Joker y al que recuerdo como un personaje brillante y emocional. En esta película aparece con una imagen completamente distinta: un hombre contenido y sin emociones. Incluso un sentimiento como el amor, que siente a lo largo de toda la película por su amada Josefina, apenas añade más emoción al personaje. Durante todo el filme, Napoleón se muestra como un estratega inteligentísimo, que está al máximo implicado y completamente entregado a su causa y a los procesos que dirige.
La película no puede considerarse históricamente fidedigna, así que si hay alguna inexactitud, se puede pasar por alto. Aunque incluso a partir de esta película se pueden aprender ciertos momentos históricos y la secuencia aproximada de los acontecimientos. Por cierto, cuando volví a ver la película en casa para hacer esta reseña, a menudo la ponía en pausa y buscaba en Google tal o cual lugar o suceso.
Si hablamos del argumento muy brevemente y sin destripes, la película trata del ascenso de Napoleón, de sus etapas vitales principales e importantes, incluidas las operaciones militares y los procesos políticos. Pero un lugar significativo en la película lo ocupa la línea amorosa con Josefina y cómo esta influye en Napoleón. Ridley Scott mezcló en partes más o menos iguales varios géneros: cine bélico, histórico y drama. El resultado es una buena película. En el centro no hay tanta política y guerras como la persona que hay detrás de todo ello. No es tanto una película sobre conquistas como sobre ambición, poder y soledad en la cima.
En la película hay grandes escenas de batalla, una sensación de caos bélico y no poca crueldad y violencia. Sin embargo, no hay tantas batallas en sí, y la película puede decepcionar a quienes esperen una épica al nivel de «Gladiator», pero le gustará a quienes estén dispuestos a mirar la historia a través del prisma de una persona concreta, por muy controvertida y ambigua que sea, como Napoleón.