Otra reseña de una película basada en hechos reales que narra el enfrentamiento entre las marcas Audi y Lancia en el Campeonato Mundial de Rally de principios de los años 80. En el centro de la historia — la compañía Audi, con su disciplina y tecnología alemanas, se enfrenta a la italiana Lancia, que intenta superar a sus rivales mediante la improvisación y el riesgo. Y esto no es solo una lucha de coches. Es una lucha de enfoques y filosofías.
Desde los primeros minutos de la película, el director nos hace empatizar con el protagonista Cesare Fiorio y, de hecho, nos predispone en contra de todos aquellos con quienes compite el equipo Lancia. Y para aquellos que no entienden el formato y el reglamento de los rallys, lo explica todo con un lenguaje bastante sencillo. También se hace hincapié en que el rally es una de las modalidades más espectaculares del automovilismo y, al mismo tiempo, una de las más peligrosas: el caos de las carreras de aquellos años, tramos estrechos donde los espectadores están literalmente a un metro de los coches, y las propias carreras se disputan a distintas horas del día, en diferentes épocas del año y sobre distintos tipos de superficie.
Las películas de coches se disfrutan mejor en el cine, y esta no es la excepción: se transmite muy bien la atmósfera de la carrera, la velocidad, el contacto del piloto con el coche, la espectacularidad de los paisajes por los que el automóvil pasa a toda velocidad. Aunque todo eso está presente en la película, a diferencia de muchas otras cintas de carreras donde lo principal es la velocidad, aquí lo principal es el enfrentamiento. Un enfrentamiento que sucede más fuera de la pista que en ella.
Entre los puntos fuertes de esta película se pueden destacar la propia trama, basada en una interesante historia real, la atmósfera de la época de los 80 en el mundo del automovilismo muy bien recreada y un conflicto claro. Entre los puntos negativos yo señalaría la ausencia de un «efecto sorpresa»: sí, hay empatía, hay interés por ver cómo termina todo, hay conflictos —no solo entre rivales, sino también dentro del equipo—, pero aún así falta ese algo que hace que una película sea realmente memorable.